𝐏𝐮𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐍𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥: 𝐞𝐥 𝐚𝐛𝐫𝐚𝐳𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚, 𝐥𝐚 𝐠𝐚𝐬𝐭𝐫𝐨𝐧𝐨𝐦𝐢́𝐚 𝐲 𝐥𝐚 𝐥𝐢𝐛𝐞𝐫𝐭𝐚𝐝 𝐚 𝐝𝐨𝐬 𝐡𝐨𝐫𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐓𝐮𝐧𝐣𝐚


Hay geografías que se visitan para la memoria fotográfica y otras que se recorren para descifrar la urdimbre de una nación. Puente Nacional, incrustado en el sur del departamento de Santander, pertenece a esta última categoría. Para quienes parten desde Tunja, el trayecto es una transición amable de apenas 85 kilómetros, un viaje de aproximadamente dos horas por carretera que abandona progresivamente el viento frío del altiplano para descender hacia los matices templados de la provincia de Vélez. Este municipio, puerta de entrada al territorio santandereano, despliega un tapiz donde la memoria republicana, la fertilidad de la tierra y el murmullo de sus corrientes hídricas convocan a una pausa reflexiva.
La riqueza de Puente Nacional reside en su sorprendente diversidad climática y topográfica. Conformado por 27 veredas, el territorio es una lección viva de pisos térmicos que transitan sin escalas intermedias desde los cálidos causes situados a 1.600 metros sobre el nivel del mar hasta la frágil imponencia del páramo, por encima de los 3.200 metros. Esta escala altitudinal permite al visitante sumergirse en la frescura de un pozo natural durante la mañana y contemplar, al atardecer, las fábricas de agua en las cumbre andinas donde nacen los ríos que alimentan a la región. En ese contraste geográfico se asientan paisajes de vegetación exuberante, cultivos agrícolas y escenarios tutelares como el Alto de Juyamuca, la Cresta de Gallo y el mirador del Alto del Mazamorral, promontorios desde los cuales la provincia de Vélez se revela como una fractura verde y ondulante.
Históricamente, el municipio ha actuado como un crisol de los grandes relatos patrios. En sus tierras se gestó la Primera Victoria Comunera el 8 de mayo de 1781, una gesta de astucia estratégica donde las tropas insurgentes locales lograron doblegar al ejército español sin derramar una sola gota de sangre, sentando un antecedente de dignidad popular. Más de un siglo después, en el marco de la devastadora Guerra de los Mil Días, sus colinas volvieron a ser escenario de la conflagración nacional durante la Batalla del Alto del Mazamorral, acontecimiento grabado en la piedra de un obelisco conmemorativo que rinde homenaje a los caídos. Este patrimonio vivo se revalida anualmente en las efemérides de febrero y mayo, así como en el Festival Nacional del Torbellino y el Requinto en junio, certamen que reúne a los intérpretes de la cordillera, y en las ferias agropecuarias, festivales del café y mercados campesinos que celebran la labor del agricultor local.
Caminar por Puente Nacional es también hacer un ejercicio de arqueología vial e industrial. Para recorrer estos parajes con seguridad y respeto por el entorno, la recomendación para el visitante es articular las caminatas con la Oficina de Turismo Municipal o con la red de guías locales y baquianos de la región. El visitante puede transitar por senderos empedrados que pertenecieron a las antiguas rutas reales, cruzar el único puente colonial techado que subsiste en la provincia o bordear la infraestructura abandonada del antiguo Ferrocarril del Nordeste, con sus túneles y estaciones patrimoniales como La Capilla, Providencia y Los Robles, vestigios silenciosos del anhelo modernizador del siglo veinte. Esta trama urbana y rural se entrelaza con una red de aguas cristalinas donde destacan las caídas de Los Balcones de La Colorada y La Chorrera, junto a los remansos del Pozo de los Enamorados y los cauces de las quebradas Agua Blanca, La Cantana, Negra y Jarantivá, santuarios de vegetación idóneos para la contemplación y el reposo.
La experiencia en esta tierra no estaría completa sin atender al paladar y al espíritu. La identidad puentana se sirve en la mesa a través del Balay Puentano, un banquete tradicional presentado sobre el plato artesanal de paja del cual toma su nombre, recubierto de hojas de plátano. En este plato insignia confluyen los sabores intensos de las carnes de cerdo, res y gallina criolla, acompañadas de chicharrones crujientes, chorizo santandereano, yuca, papa al vapor, plátano maduro y la insustituible arepa de pelao, una preparación insigne que se ofrece en los piqueteaderos y restaurantes de tradición familiar ubicados en el contorno del Parque Principal y en los paradores gastronómicos a la entrada del municipio. La propuesta gastronómica se complementa en los puestos tradicionales de la Plaza de Mercado municipal con las almojábanas recién horneadas, los quesos de hoja, el masato y la chicha fermentada en las cocinas familiares.
Toda esta herencia sensorial se halla atravesada por la impronta musical del maestro Lelio Olarte, autor de la emblemática Guabina Santandereana, melodía que inmortalizó al municipio como la cuna de este aire folclórico. Este legado vivo se resguarda en la Casa de la Cultura 'Lelio Olarte', un espacio institucional de puertas abiertas ubicado en pleno centro urbano donde se rinde homenaje al compositor y se promueve la formación artística local, así como en la plaza central que honra su nombre. Así, a tiro de piedra de la capital boyacense, Puente Nacional no se presenta como un mero destino de paso, sino como una vivencia profunda que reclama ser caminada y sentida con la serenidad de los grandes viajes.
Para concretar la travesía desde Boyacá, la ruta es clara y no presenta pérdidas. En vehículo particular desde Tunja, el recorrido se emprende tomando la vía que conduce hacia Arcabuco y Moniquirá, descendiendo por el corredor que conecta la capital boyacense con la provincia de Vélez, en el departamento de Santander, hasta empalmar con Barbosa, punto desde el cual un desvío de apenas diez minutos conduce directamente al casco urbano puentano. Quienes prefieran el transporte público pueden abordar en el Terminal de Transportes de Tunja cualquier bus intermunicipal con destino a Barbosa o Bucaramanga (a través de empresas de alta frecuencia como Autoboy o Concorde); este trayecto hasta el Terminal de Barbosa toma aproximadamente una hora y cuarenta minutos, lugar donde se toma una buseta o colectivo que realiza el tramo final hacia Puente Nacional en unos quince minutos.
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